Es que a mí , cuando era niño, lo que más me sorprendía cuando visitaba a mis tíos y abuelos en los cortijos de la sierra de Segura era ver fuentes por el campo, fuentes cuidadas por los que pasaban, frescas y limpias donde todo el mundo podía beber y donde se saludaba la gente y, como obligadamente bebían agua mientras se intercambiaban palabras de cortesía y circunstancias. Se preguntaba por los enfermos y por los ausentes, que normalmente estaban en Barcelona o Palmas, que es como llamaban a Palma de Mallorca. Luego se despedían también cortésmente y si eran desconocidos se llamaban entre sí hermano o hermana si eran mayores. Todas las fuentes estaban redadas de árboles y al borde de los caminos. En las más castizas el agua del venero se recogía mediante una teja como en mi fuente o se le adaptaba una caña o un tubo. La teja vertía el agua en un tronco ahuecado al efecto para que bebieran las bestias de carga y a veces eso tronco se vertía en otro más puesto sobre piedras grandes de manera desigual adaptándose al terreno. Las que había construido el gobierno estaban al borde de las carreteras porque aparecieron con la obra. Eran de piedra y cemento y tenían un caño de bronce y un pilar grande y alto. Muchas tenían una placa en relieve con el distintivo del organismo oficial que las construyó, generalmente algo parecido a un hacha y un martillo rodeados de brotes de olivo, eso en pleno franquismo. Tengo desde hace más de veinte años como llavero una medalla de bronce que le dieron a mi padre por ser guarda forestal y lleva ese logotipo. Cómo no me voy a acordar. Eran carreteras de tierra y algunas fuentes se mantuvieron al recubrirlas de asfalto muchos más tarde. Todavía cuando me encuentro alguna me gusta pararme y beber agua, pero cada vez es más difícil por el tráfico. Los patricios y emperadores romanos y los reyes y nobles castellanos también ponían sus escudos y placas conmemorativas. Carlos V hizo construir una en Segura de la Sierra, un pueblo frente al mío. Durante la Segunda República se construían de ladrillo visto con perfiles y lóbulos sencillos pero sólidos y algunas tienen como un atrio con bancos de la misma obra para sentarse en semicírculo y pasar la tarde de charla. Naturalmente, cuando vi los lavaderos públicos de Parcent y de Belreguart, creo que era y otro en un pueblo al pie del Cavall verd me recordaron aquellas fuentes y aquellos tiempos aunque eran lavaderos municipales, fuentes de pueblo y no fuentes del campo, sin dueño ni autor. Eran los tiempos en que a nivel de comunidad o individualmente había una idea de lo público como algo bueno para todos, respetable por socialmente útil. Lo público socializa y la sociedad es gracias a lo público. ¿Por qué es tan difícil de entender para algunos? Hasta una humilde fuente del campo nos puede explicar la historia y por tanto qué somos y de donde venimos y algunos la quieren borrar para confundirnos o hacernos ignorantes. Quieren borrar dos mll años de pensamiento , de memoria colectiva. Ellos son los ignorantes. En fin, que me hice una fuente porque estaba obligado a ello, no porque soy un caprichoso. Yo sé quien soy y de donde vengo y por qué hago las cosas.
Wednesday, October 29, 2025
En esta foto aparece la fuente que construí en mi jardín. Con una maceta, una teja , cuatro piedras volcánicas y una bomba. Fábula de fuentes llama Jorge Guillén a la infanciay luego glosa el verso García Lorca en Tu infancia en mentón:
Tiempo en profundidad: está en jardines.
Mira cómo se posa. Ya se ahonda.
Ya es tuyo su interior. ¡Qué trasparencia
de muchas tardes, para siempre juntas!
Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes.
